martes, 29 de enero de 2013

Mirándome Morir

                                            Por: Jairo Bohórquez Guillén 

Ante el espejo
tiemblo...

Cronos me está marcando con sus huellas,
mas bien heridas, zarpazos.
¿Acaso tus manos, no son, si no garras
que posas sobre mí, para tatuar minutos?
Mendigas vida. Entregas muerte.

Ante el espejo
tiemblo...

Empieza a conjugar el pretérito
todas sus formas, todos sus verbos;
ar, er, ir de principio a fin.
Pesa lo realizado,
pesa lo no hecho.
Vislumbro en el futuro
lo deseado por hacer.
Sin embargo sigo inerte,
vegetativo sobre el presente.
Mientras la araña de tres patas
teje su tela sobre mi frente.

Y sigo ante el espejo
temblando...

Buscando disfrazar el tiempo,
con lagrimas de adolescente
carcajadas colegiales
pañuelos de colores
címbalos y panderetas
que entona el silencio en sinfonía.
Pero el cristal no miente.
No sabe de sobornos.
Es como un niño, dice lo que ve.
No sabe de política y apellidos,
de raza o religión.
Y el cartógrafo de las horas
sigue su tarea. Mapa de días,
que traza en el frágil lienzo
que cubre mi mortal predio.
No con lápiz. Con bisturí.

Y temblando me miro.
Me miro temblar...

Santoral mensajero,
que el otoño se extinga en ti.
El negro de mi pelo
es alegría es festín.
Fuego llama de años,
no quemes el carbón de mi sien.
Cenizas pronto habrá.
Blanco principio del fin.
Mis flores agonizan.
Mis luciérnagas se opacan.
Blanca huesa no me huelas,
no tengas sed de mi
que mis átomos inertes
nutrirán tu vientre al fin.

...Con el espejo empañado
sigo, mirándome morir...


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